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¡La poesía aburre! Salvo raras excepciones. Pero, también nos aburren películas, novelas, músicas y músicos, etcétera. Vivimos días de gran aburrimiento, y lo que es peor de tristeza contagiada. Hartos de tanto aburrimiento, cuando encontramos libros como MAREMAGNUM 44 (con mayúsculas) de David Benedicte nos llevamos un alegrón. Además, sus poemas brincan el círculo cerrado de entendidos, escritores, críticos y forofos que constriñen a espacio exclusivo el círculo de la llamada poesía buena (solo acta para mayores que es lo mismo que decir pijopoetas).

La mayoría de la poesía bendecida, es al gusto y con los cánones de contenido y continente de los oficialistas mercachifles (salvo raras excepciones). Acaso todo esté inventado y por eso todo cabe en posmodernidad, cada autor se queda a la carta que más le apetece o conviene. Y no se trata de desestigmatizar  las vanguardias, de escoger el camino estético más conveniente, cualquiera es bueno, no; porque al final lo que se adoptan son posturas políticas y una cierta insurrección del lenguaje. Es la idea la que prima como ente a modelar, no para hacer un ejercicio de introspección, de autocrítica o de biografía visual. La idea, debe ser irreverente (da igual la “maniera”) para que se salga del entorno vital del autor, despegue de sí misma cuando el creador tome perspectiva y se distancie del resultado. Entonces, la irreverencia (la insurrección de la idea y no del lenguaje) se convierte en un ente que toma vida propia, y el poema en una entidad per se, como una novela, una película, una pintura, una catedral, un ferrari, como… El autor está detrás, y si escarbamos en su obra “externalizada” le encontraremos, pero no nos interesa solamente el alma del poeta.

David Benedicte lo consigue, es un fotógrafo de temple que filtra la luz en mil matices y consigue unas fotografías maravillosas, con un emplaste que nos hace ver en ocasiones lo que nuestro ojo no es capaz de ver. Desde la perplejidad del sabio que sabe escuchar: POEMA DE TEO “Las Moscas no/ se pueden/ bañar”, o MAL KARMA “Todos/ los surfistas/ se creen/ invencibles/ hasta que/ les da/ el primer/ infarto”, poema que bien pudiera ser la sinopsis de este poemario, donde el autor nos deja claro por dónde van los tiros (por cierto, de gran calibre y a la línea de flotación de nuestra sociedad decadente). David Benedicte es un mago que nos abre los ojos con descripciones, pequeñas historias de personajes y lugares tan dispares o no de la actualidad, la cotidianeidad que nos entra por la caja tonta. Y qué mejor lugar que la playa, el icono de la máxima aspiración de una sociedad mayoritariamente proletaria a la que le dijeron que no lo era y encima le vendieron el paraíso.

David Benedicte, aunque dice que llegó tarde a la poesía, tal vez se refiera a que comenzó a publicar poemas después que novelas, porque la poesía la lleva de serie, bebe de los novísimos, como también de la generación del cincuenta, aunque se apunta al carro de la estética descriptiva de Guillermo Carnero en “Ensayo de Una Teoría de la Visión” (ya ha llovido, y sin embargo suscribo la estética que preconiza: “El poema, no como forma de transmisión de la realidad, sino como ficción”, en sus palabras: el poema es una hipótesis sobre la realidad), o de la poética de Aníbal Núñez (poeta que gusta a Benedicte, al cual habrá que poner algún día en su sitio), y también metapoesía entendida como la definió José Ángel Valente. Pero Benedicte, también ha sufrido la poesía de la experiencia, e intenta descolgarse sobre todo de los poetas de los noventa adoptando criterios estéticos, en ocasiones cercanos a la poesía visual, y sin hacerle ascos a cierta poesía anglosajona del absurdo, incluso con tendencia medida al surrealismo. Tal vez, su poema de mayor calado, LA SIRENITA, nos ofrece una ficción que genera el caldo de cultivo del “prohibido aburrirse”. La irreverencia con gracia, con chispa irónica, nos remueve las conciencias lavadas con donativosdeong, empatía (solamente) con los desfavorecidos, etcétera. Perocoño, cuando leemos el poema NATIONAL GEOGRAPHIC, comenzamos a despertar, al percatarnos (igual que el albatros del poema) que nuestro pico mide dos palmos más que nuestra cola, y en vez de deprimirnos como el pájaro nos damos un revolcón de iluminación, pero con ribetes mediterráneos que de eso tiene mucho el libro.

Un crítico, de esos que han apelmazado la literatura a la bolita de grasa que a ellos les gusta freír (y tal vez no comerse), arremeterá contra los versos de Benedicte quitándoles la bendición de geniales, pero aquí no hablamos de eso, aquí está prohibido aburrirse.

Gracias al autor por hacernos la vida más grata al ventilar su talento en las palabras de un libro muy recomendado.

Carlos de Tomás, para “Jornadas Literarias de Chiado Editorial”, 2012

FICHA:
Título: Maremagnum 44
Autor: David Benedicte
Edición: Isla Varia, Granada. 2011

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